lunes, 17 de septiembre de 2012

los fraudes y las empresas de auditoria


Auditoría, fraudes y contabilidad forense PDF Imprimir E-mail
Los escándalos corporativos altamente publicitados (Enron, WorldCom, Tyco), el incremento en los requerimientos legales (Sarbanes-Oxley, Act. 2002), la creación de órganos de vigilancia para las firmas de auditoría (PCAOB), el incremento en la responsabilidad de los auditores en la revisión de controles internos y la detección de riesgos materiales (SAS 99), han sido los factores principales para detonar, de manera muy importante, la creciente necesidad de un área de especialización en los temas de fraude y contabilidad forense, para los profesionales en Contaduría.

En principio, es importante entender que el fraude se refiere a actos intencionales perpetrados por seres humanos utilizando el engaño. Los expertos de la ciencia del comportamiento han fallado en identificar una serie de características bien definidas, para diagnosticar la propensión a cometer fraude, por parte de una persona; sin embargo, se ha desarrollado un marco conceptual para entender los elementos que lo componen, el cual se ha denominado: diamante del fraude (ver figura 1), dado que se compone de cuatro conceptos:
Presión. Es el factor más difícil de controlar por parte de la empresa, ya que se refiere a una necesidad económica personal o familiar.
Racionalización. El defraudador tiene que encontrar una justificación psicológica para sus actos.
Oportunidad. Es el factor sobre el cual la empresa puede tener un mayor grado de injerencia, pues si el individuo percibe que existen altas probabilidades de ser descubierto, la posibilidad de cometerlo disminuye de manera considerable.
Capacidad. El defraudador puede sentir presión, racionalizar la situación y tener la oportunidad, pero si no tiene capacidad para hacerlo, no podrá llevarlo a cabo.
Siendo la oportunidad el aspecto de mayor control por parte de la empresa, resulta imperativo que las mismas fortalezcan sus sistemas de prevención de fraudes, estableciendo procedimientos más severos de detección e investigación y enviando señales claras a todos los miembros de la organización acerca de las consecuencias de su incumplimiento.
Debido a lo anterior, existe la necesidad de contar con profesionistas recién egresados con una mayor conciencia acerca del tema de fraudes y, por lo tanto, de una mayor educación formal en aspectos relacionados con la contabilidad forense, ya que en la mayoría de los casos en los que se comete un fraude, las investigaciones exitosas dependen de los conocimientos y las habilidades del equipo de trabajo que las realiza.
En diciembre de 2003, la división de Contaduría de la Universidad de Virginia del Oeste inició un proyecto para desarrollar guías educativas para los profesores, entrenadores y estudiantes interesados en los temas de fraudes y contabilidad forense. Para el desarrollo de este proyecto se formó un grupo técnico de trabajo integrado por investigadores, practicantes y educadores, este grupo de expertos identificó las siguientes tres áreas como fundamentales, para su inclusión en los planes de estudio de la carrera de Contaduría:
Criminología. Específicamente orientada a la naturaleza, dinámica y ámbito del fraude y crímenes financieros; ambiente legal y aspectos éticos.
Prevención y detección de fraudes. Manipulación de activos, corrupción y presentación inapropiada de información; fraude en la elaboración de estados financieros y contabilidad forense, en un ambiente digital.
Servicios de asesoría legal y forense. Investigación y análisis, así como valuación de pérdidas y resolución de conflictos.
Aunado a lo anterior, este grupo estableció la necesidad de interrelacionar las materias de auditoría, contabilidad forense y fraudes (ver figura 2), ya que comparten temas que no pueden verse de manera aislada. Los procedimientos tradicionales de auditoría cubren el aspecto de fraudes, de acuerdo con lo señalado en el boletín SAS 99, pero los auditores no tienen la  responsabilidad de planear y llevar a cabo procedimientos específicos para detectar desviaciones que no se juzguen como materiales, ya sea que éstas sucedan por errores o fraudes. La administración de las empresas es la que tiene la responsabilidad de diseñar e implementar controles internos para prevenir fraudes, área en la que existen especialistas en la materia. Por último, la contabilidad forense se enfoca en los daños, reclamaciones, valuaciones y aspectos legales relacionados con el tema de fraudes.

En la actualidad, la Universidad de Virginia del Oeste ofrece un programa de maestría para obtener un certificado en fraude y contabilidad forense, el cual ha resultado ser muy exitoso.
Por lo antes expuesto, las empresas deben tomar conciencia y reconocer el valor de contar con sistemas de prevención y detección de fraudes, mientras que las universidades deben responder ofreciendo una mejor preparación a sus alumnos al respecto.


C.P.C. y M.A. Sylvia Meljem Enríquez de Rivera
Directora del Departamento Académico de
Contabilidad del ITAM
Fuente: Revista Contaduría Pública www.contaduriapublica.org.mx del Instituto Mexicano de Contadores Públicos www.imcp.org.mx

teletrabajo


Teletrabajo, el desafío de las empresas chilenas

Por Pablo Izquierdo, gerente general Acepta
Pablo Izquierdo, gerente general AceptaSantiago, Chile. 24 agosto, 2012.
Una de las grandes ventajas que ha generado el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información es la posibilidad de implementar herramientas que permitan mantener en contacto al trabajador y su empresa.

Ya sea a través de un tablet, celular o computador, en la actualidad son cada vez más quienes pueden acceder al trabajo a distancia o fuera de la oficina, entregando la posibilidad de compatibilizar no sólo las obligaciones familiares, sino que, incluso, incorporar a un importante número de personas a la fuerza laboral. Todo esto, a través del Teletrabajo.
Ahorro de costos, eliminación de tiempos “muertos” en desplazamientos hacia y desde la oficina y la comodidad de poder hacerlo desde cualquier lugar con conexión a Internet, son algunas de las ventajas de este revolucionario sistema laboral, que aumenta tímidamente en nuestro país. Se estima que en Chile, unas 500 mil personas trabajan hoy desde sus hogares, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, una cuarta parte de los empleados lo hace bajo esta modalidad.
Muchas de las tareas que se realizan en una oficina no requieren la presencia física del trabajador y pueden ser realizadas a distancia, lo que mejora considerablemente la calidad de vida de los empleados, reduce el ausentismo laboral y mejora la moral de los funcionarios, quienes se sienten más comprometidos con su empresa.
Al optar por esta modalidad se adquiere un mayor nivel de responsabilidad, ya que el Teletrabajo no debe ser obstáculo, sino que un medio que permita ser más eficiente en la tarea que se realiza. Al mismo tiempo, el desempeño deja de ser enfocado por horas en la oficina a horas dedicadas al trabajo, es decir que el control pasa a ser por objetivos y no por horario. Pero todo esto requiere un cambio mayor en la forma de medir el desempeño, formas de motivación y de trabajo en equipo. A su vez, los trabajadores requieren de mayor autodisciplina y compromiso. Este proceso no es simple y se debe ir haciendo de manera gradual, empezando con sólo algunos días en la casa y el resto en la oficina.
Otro de los aspectos a destacar del Teletrabajo es su política inclusiva, ya que permite que personas con capacidades motrices disminuidas puedan acceder a un empleo. La modalidad de trabajo no presencial o a distancia se ha expandido de manera considerable este último tiempo, llevando incluso a que desde 2001 los “teletrabajadores” sean reconocidos con los mismos derechos laborales que los demás, ya sea en accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, aunque ocurran dentro de su propio hogar.

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